Aprende a identificar y evitar el hambre emocional

El hambre emocional es el que se produce en respuesta a emociones, como por ejemplo la tristeza, al estrés o por mero aburrimiento. En estos casos, solemos confundir el sentimiento de hambre real o fisiológica con la necesidad de ingerir un alimento, que suele ser de forma impulsiva e incontrolada, porque no sabemos gestionar las emociones o una situación concreta de otra manera.

Entender ambos tipos de hambre nos va a ayudar a saber diferenciarlas:

El hambre real o fisiológica se caracteriza porque va apareciendo de forma gradual, y para saciarla no recurrimos al deseo de comer un alimento en concreto, sino que varias opciones son capaces de satisfacerla. Además, responde a las señales de saciedad, por lo que, después de haber realizado la ingesta, ese apetito desaparece.

El hambre emocional suele aparecer repentinamente, incluso después de sentirnos ya saciados por una comida previa. Suele ser impulsiva y cuando la experimentamos, lo que buscamos es sentir una sensación de mejora y de bienestar por el hecho de comer.

De modo que este tipo de hambre normalmente nos predispone a elegir alimentos poco saludables, ricos en azúcar, grasa o sal. Ingerir dichos alimentos suele producir un placer o alivio momentáneo, pero al no resolverse la emoción o sentimiento que desencadenaron esas ganas de comer, es habitual que la persona después de consumirlos se sienta culpable, triste y/o decepcionada.

Aprende a identificar y gestionar tus emociones 

Lo más importante va a ser que primeramente reconozcamos cuando estamos usando la comida para gestionar nuestras propias emociones y que identifiquemos cuál es la causa que nos provoca esas ganas de comer difíciles de controlar (si es por estrés, aburrimiento, sentimientos de tristeza…) y en qué momento se producen. Debemos comprender que la comida no sirve para regular nuestras emociones, por lo que tenemos que intentar encontrar otras formas de afrontar la situación sin la necesidad de refugiarnos en los alimentos.

Para ello, va a resultar de gran ayuda encontrar actividades con las que disfrutemos, con las que mantengamos nuestra mente ocupada, y con las que sintamos que nos aportan un estado de ánimo positivo. Como por ejemplo: hacer deporte, leer un libro, salir a dar un paseo…  Así será más probable que no necesitemos recurrir a la comida cuando experimentemos esos sentimientos negativos, ya que éstas nos van a producir una sensación de alivio más duradera.

 

Practica alimentación consciente o mindful eating

Esta corriente persigue aplicar las prácticas de la atención plena en el ámbito de la comida. Se basa en tener consciencia cuando ingerimos y saboreamos cada bocado, haciéndolo sin prisas, escuchando las señales de saciedad que nos manda el cerebro y prestando toda nuestra atención al acto de comer (y no a otras actividades, como por ejemplo ver la televisión, mirar el móvil…).

Aunque hay veces que, aun sabiendo la teoría, no somos capaces o nos resulta muy difícil conseguir aprender a gestionarlo solos. Es algo normal, por lo que no tienes que tirar la toalla. En ese caso, te aconsejamos que acudas a un profesional para que te asesore y te ayude a controlar esas situaciones de forma adecuada.

SHARE THIS ARTICLE:
Facebook Twitter